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Alimentar el alma

Alimentar el alma

Cuando escucho a ciertas personas siento una profunda atracción, unas ganas de seguirlas y aprender de ellas, incluso confieso que llego a experimentar una evidente envidia de no poder estar a su altura. Con los años, he aprendido que así es la vida y cada cual tenemos nuestro público. No obstante, otras veces, sin saber bien por qué, siento un gran rechazo, la persona no me inspira pese a que ésta haga alardes de una gran espiritualidad, no encuentro conexión con ella. He llegado a pensar que quizás era también pelusa, pero he descubierto que no es eso. Se trata de algo distinto, que me ha costado tiempo entender, ya que es más hondo, más íntimo, más interior. Tiene que ver con su caminar en el mundo –su alma.

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Volver a la armonía

Volver a la armonía

La más grave equivocación del siglo XX ha sido pensar que primero hay que «HACER» para luego «TENER» y así poder «SER». Orden que, si lo piensas un poco, discurre en sentido contrario. Antes de TENER hay que experimentar el SER, para así luego poder HACER con la intención idónea y obtener los frutos adecuados. Dicho de otro modo, cuando fortalecemos el SER, el HACER se da de manera natural, fácil, sin esfuerzo. Hoy más que nunca, los seres humanos hemos de estar alerta y cuidarnos. No somos robots, no podemos dejar que nuestra esencia se pierda, ni se automatice. La mecanización no es humana ni da felicidad. Hemos de recuperar el «SER» y el «ESTAR» para poder volver a caminar a una marcha reposada y paciente. Hacer las cosas con plena consciencia. Disfrutar cada momento (oler una fruta, masticar un bocado, escuchar un piar, contemplar un paisaje, acariciar una cara, saborear un beso…).

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Abandonar la prisa

Abandonar la prisa

El sabio rey Salomón escribió: El que corre más rápido no siempre gana la carrera; el ejército más poderoso no siempre gana la batalla; el más sabio no siempre consigue dejar de ser pobre; el más astuto no siempre consigue hacerse rico y una persona educada no siempre recibe la recompensa que merece. Todos tienen sus buenos y malos tiempos. Nadie sabe qué le irá a pasar.

Cuando veo a las personas así con prisa, viviendo a velocidad vertiginosa, aceleradas, volcadas en la respuesta inmediata, la conexión 24 horas, la producción a pleno rendimiento, actuando con una frivolidad inconsciente, saltando sin cesar de una tarea a otra, compitiendo estérilmente, enfermos de ansiedad y estrés, disfrutando sólo de un día del fin de semana (el otro lo dedican al «hacer»), deseando tener vacaciones eternas y deprimidos al regreso (les quedan doce meses para volver a «vivir»), me planteo si este ritmo precipitado les deja tiempo para detenerse a pensar si en verdad quieren ir hacia donde están yendo, o si el destino de ese trayecto tiene algún sentido. Van sin mirar a su alrededor, sin frenar, respirar ni observar lo que les pasa.

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La sociedad del cansancio

La sociedad del cansancio

El filósofo coreano Byung-Chul Han, en su libro “La sociedad del cansancio” explica cómo el agotamiento, la fatiga, la sensación de asfixia son manifestaciones que se infiltran por todas partes en una sociedad permisiva y pacífica, en la que el sujeto de rendimiento se encuentra en guerra contra sí, libre de un dominio externo que lo obligue a trabajar o lo explote, sometido sólo a sí mismo: se ha abandonado a la libertad obligada o la libre obligación de maximizar su rendimiento. El exceso de trabajo se agudiza y se convierte en auto-explotación.

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Sentirse vivo

Sentirse vivo

Estos días son una excelente oportunidad para verificar si realmente nos sentimos vivos en nuestra propia vida o si por el contrario estamos en estado de quasimelancólico, con apenas emociones. Hibernando con los recuerdos de otros tiempos de enamoramiento, intensidad, en lo que vibrabas con la existencia.

Hoy has tomado consciencia que tienes una enorme sed de vida, que no habías sabido ver en el aletargamiento. Necesitas volver a despertar tu curiosidad, la novedad, la diversidad.

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Mi tiempo

Mi tiempo

Llevamos años corriendo sin parar, sin saber bien a donde vamos, exclamando a todas horas que nos falta tiempo, aprisionados por una prisa insana que nos enfermaba de estrés.

En esa celeridad, no descansábamos ni el fin de semana, todo era una tarea y una obligación, por eso siempre estábamos cansados. Ahora el tiempo se detiene, y nuestra queja cambia: ¡me aburro! ¡no sé qué hacer en casa todo el día!

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Mis prioridades

Mis prioridades

“Toda una vida puede cambiar en un segundo y jamás se presiente cuando llega.”

Soy de las que piensa que actualmente la vida nos está dando una excelente oportunidad de recolocarnos, de estimar lo que realmente es importante para cada uno de nosotros. En definitiva, de tomar consciencia de la propia existencia y poder tomar profundas decisiones.

Es ciertos que antes, quizás más de una vez la vida ya nos había puesto en situación de valorar, en individual, el antes y el después.

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